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El Son No Se Fue De Cuba
Claves Para Una Historia 1959-1973
Adriana Orejuela M.
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Largo: 23.3 cm
Ancho: 17 cm
Grosor: 2 cm
Páginas: 373
Fecha: Julio, 2004
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Si existe un periodo poco explorado dentro de la música popular cubana es
sin duda el que corresponde a los primeros 15 años de la Revolución.
La isla que por décadas diseminó sus ritmos por el continente americano,
se retiró o para ser mas exactos, la retiraron abruptamente de la escena
en los años sesenta, dejando un vacio que vendrian a llenar otras
expresiones, entre ellas la bosa nova, el rock, el pop o la salsa. Qué
pasó durante este periodo con la música Cubana? De que nos perdimos? Las
respuestas ofrecidas acerca de esta etapa has sido vagas, controvertidas e
incluso tendenciosas. El silencio, el aislamiento y la ausencia, sirvieron
para hacer creer a pie juntillas que el son, y con este la música toda,
habia abandonado a Cuba metido en el equipaje que llevaron consigo
agrupaciones, instumentistas, orquestadores y compositores
en camino al exilio, o en todo caso que con relación a la música, al
interior de la Isla no habría ocurrido nada digno de atención.
Hacia la mitad de los setenta y de manera casi subrepticia llegaron las
primeras noticias en las voces de Silvio Rodriguez y Pablo Milanes, todo
un descubrimiento para los universitarios de gran parte de la América
Latina. Un poco después nos sorprendieron los Van Van e Irakerecon un
sonido muy distante de la última referencia que teniamos, es decir Beny
More, la Orquesta Aragon o la Sonora Matancera, por solo mencionar tres
nombres.
Los oidos mas convencionales rehusaron admitir aquello como verdadera
música cubana, mientras que para otros constituyó un verdadero hallazgo.
Pronto en los círculos salseros se supo que Cuba había creado una música
que sin perder la esencia rítmica - mas bien todo lo contrario - resultaba virtuosa, elaborada, y mas que contemporanea vanguardista. Sin
duda fue un momento muy grato por dos razones: primero por cuanto la
salsa en otro tiempo vital (1969-1980) comenzaba a dar muestras de
anquilosamiento, y segundo porque de esta manera se constataba, que la
Isla seguia su tradición mas que centenaria de producir excelente música
popular.
No obstante, surgieron preguntas: Qué habia ocurrido entre la época que
vibró con la voz y el estilo del Benny, por ejemplo, y ésta que diez años
después palpitaba al ritmo de Van Van? Por qué la Nueva Trova? Qué habia
hecho posible el surgimiento de una orquesta como Irakere, tan distinta a
todo lo que habíamos escuchado de Cuba desde ese entonces?
La respuesta a estos interrogantes solo fue posible a través de un detenido
examen de las fuentes documentales de la década del sesenta y los tres
primeros años de los setenta. una vez avance en la investigación, descubrí
que en a bibliografía cubana no abunda material que arroje luz sobre este
periodo de manera que pueda entender en su conjunto, es decir, con una
visión completa de las tendencias y estilos que se sucedieron
cronológicamente asi como de sus contextos. Existen claro está, una serie
de artículos, estudios generales y de caso, monografías y libros sobre los
complejos genéricos de la música cubana, que fueron indispensables como
punto de partida, pero ante la escacez de material bibliográfico que
abordara mis intereses específicos emprendí la tarea de revisar las
publicaciones seriadas de la época, año por año, mes a mes y dia a dia,
trabajo extenso y agotador, pero maravilloso y placentero.
Ahora bien, el principal hallazgo de esta investigación, ha sido comprobar
que la música cubana siempre estuvo alli, nunca abandono la isla. La
poderosa fuerza e inagotable capacidad de creación e inventiva de los
músicos de este pais han impedido tal cosa. Es posible si, hablar de
crisis, de altas y bajas provocadas por especifidades internas o por
hechos que llegaron de afuera como el auge del pop (y su subsidiaria la
balada) en los sesenta, fenómeno que no solo incidió en la música popular
cubana, sino en la música popular de toda latinoamerica.
El periodo específico abordado aquí, tal vez sea uno de los mas
interesantes, intensos y ricos en tendencias en la historias de la música
cubana. Para la verificación de tal aserto, nada mas apropiado que
presentar los hechos, el devenir músical de a época con todo y tensiones y
dejar que este hable por si mismo.
Para comenzar, el lector encontrará un panorama músical del periodo que
antecede al triunfo de la Revolución, sin el cual no sería posible
determinar, ni tan siquiera aludir a los cambios ocurridos en el contexto
de música popular de 1959 en adelante.
Los años 1964-1965-1966 conforman el segundo bloque, caracterizado por una
búsqueda vertiginosa en el ámbito de la música bailable. La tercera parte
comienza en el año 1967 a partir del cual se producen por lo menos tres
sucesos que habrían de proporcionar soluciones tendientes a recuperar el
espacio y la estabilidad de la música popular nacional. El último ciclo
inicia en 1970 y finaliza con la explosión de Irakere tres años después.
Esperamos que el libro sea de su total agrado.
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