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¿QUE ES LA
SALSA ?
A PROPOSITO DEL LIBRO DE LA SALSA.
Siempre he
solicitado a los editores de mis libros
que dejen márgenes amplias
por la facilidad que ofrecen de garrapatear pensamientos.
Edgar Allan Poe.
Ingresar a
definir algo en particular es definitivamente temerario y complejo,
sobretodo cuando en el ambiente existen tantas concepciones, prejuicios,
intereses y posturas establecidas, hasta el extremo de llegar a considerar
a algunas como verdades absolutas e intocables y desde las cuales se
pretende orientar tanto el ejercicio cultural y artístico como la
formación de gustos y el consumo de opciones estéticas o de apariencia
artística. El actual escenario es un terreno fangoso para aventurar una
conjetura más, sin embargo vivimos tiempos favorables para la defensa,
vindicación y fomento de la diversidad en distintos ámbitos de la acción y
la reflexión humanas que favorecen la polémica.
La salsa como escenario de la actualidad no es ajena al universal
observado, y ella requiere una nueva actitud con talante competente para
que sea tomada en serio, soportada en una amplia observación, una
concienzuda reflexión, una desbordada imaginación y un riesgo a toda
prueba, que desde el primer paso público que se dé nos permita visualizar
un concepto lo suficientemente democrático, que refleje desde el nombre
mismo la gama de deseos y esfuerzos de todos quienes han pensado y
realizado una disciplina, o un quehacer, qué como en este caso a la salsa
le urge, con el objeto de poder comprender su naturaleza de entidad
autónoma cultural con relaciones de dependencia mutua, y qué no por ser
esa cosa latina, festiva y colorida reviste poca importancia social,
cultural, estética y musical.
Para comenzar digamos que hasta el presente se ha "definido" la salsa
dándole prioridad a intereses y sentimientos nacionales y geopolíticos en
desmedro de su pluriétnicidad y multiculturalidad. Cuatro es el numero de
posiciones que se destacan: la primera y mayoritaria es aquella que
"define" a la salsa como música cubana; la siguiente y desde la otra
orilla, la "define" como música puertorriqueña; la tercera, es la que
"define" su suerte como música neoyorquina; y, una cuarta, que es la que
actualmente hace carrera "definiendo" su destino como música caribeña. En
otros contextos pero ya no tan influyentes se encuentran otras "definiciones"
provenientes de campos como el social, el filosófico, el lingüístico, el
económico y el cronológico. Desde lo social se escuchan pronunciamientos
sobre la salsa como una manifestación cultural; desde lo filosófico se
exteriorizan dos posiciones extremas: una que plantea que la salsa es un
concepto y la otra que formula que la salsa no existe; la lingüística hace
su aporte manifestando poéticamente que la salsa es una metáfora; los
economistas cifran sus realidades manifestando que la salsa es un negocio;
y los cronologistas escuetamente expresan que la salsa fue una época.
Se podrían agregar otras "definiciones" desde otras disciplinas con el
objeto de ir comprendiendo el ensamblaje de la nueva iniciativa y para
tener una idea más amplia del cuadro actual de posturas, como las que se
encuentran en la musicología, ciencia de la música en donde así como
tendencias sensibles la aplauden, otras la descalifican por el uso y abuso
de fórmulas facilistas; o en la etnomusicología, logos científico en donde
se hallan numerosas visiones que garantizan a la salsa su parte dentro de
un complejo orgánico cultural; y finalmente en la fundamental ciencia del
conocimiento o epistemología de la cual se deberá tomar como herramienta
metodológica el binomio objeto - sujeto, tan eficaz para el destino
intelectual de cualquier quehacer humano, y en este caso de la salsa,
gesta que no cuenta con una definición ideal, que permita por lo menos
entender su noción aglutinadora cuya ambientación participa un conjunto de
personas y empresas en diferentes campos y labores con sus particulares y
mutuas actividades; mirada consecuente con un fenómeno que hace tiempo
rebozó su esfera meramente musical.
Ha sido tan trascendental la evolución de la música salsa, que a partir de
ella se ha creado una superestructura paralela a la propia música a causa
de su naturaleza lúdico - recreativa y a la difusión de sus productos,
combinación esta que ha posibilitado la recreación de otros contornos como
el baile, la conversación y la escritura; articulando, a la vez, la
apertura de otros espacios de encuentro en donde se dilucida sobre los
diferentes componentes del complejo, que van desde lo netamente folklórico
y musical, dando un paso por su apasionante historia, hasta su ardiente
discografía e influencia mediática; componentes en los cuales han
contribuido voces como intereses del empirismo, la academia, la industria
y la modernidad con influencia inimaginable en un amplio grupo social
mundial, que supera con creces el número inclusive regional de supuestos
primeros beneficiarios, que por idiosincrasia e idioma, se deberían
encontrar únicamente localizados en el Caribe y en la América hispano
parlante.
Esta compleja trama ha interesado a numerosos observadores internos y
externos, quienes han arrojando documentos y conclusiones de variada
índole en pos del entendimiento cabal de un fenómeno que salto sus
fronteras, quizá en ese orden esta iniciativa que tiene por finalidad
entregar una reflexión conceptual con un cuadro estructural y sistemático
a bordo, esperando que se convierta en herramienta de laboreo y gozo como
es el instrumento para el músico, el disco para el diyey, el micrófono
para el locutor, el computador para el periodista, el campo para el
investigador, el capital para el empresario, el plan para el organizador
de eventos y los zapatos para el bailador; partiendo del consenso que toda
definición, así como dice mucho no puede decir nada, debido a las variedad
de fuerzas poderosas y significativas que confluyen en ese juego
dialéctico de expandir contrayendo que es el sintetizar o sistematizar
cualquier fenómeno; sin embargo, el sistema resultante, en aras de la
estructuración conceptual de la salsa, será de una significativa ganancia
para el salsero y los interesados en general, ya que les permitirá ver el
conjunto completo del complejo musical que supuestamente se encuentra
desaparecido, en crisis o en un limbo próximo al purgatorio en el cual se
encuentra conceptualmente.
En pos de ese recurso que es el concepto y en aras de la economía del
tiempo, podríamos titularlo con la palabra salsa, que después de mil
batallas pareciera que por fin se ha aceptado el valor inmanente de un
término que a fuerza de su uso se impusiera, afín en el contenido a la
idiosincrasia de las gentes de la región que originaron la recreación
moderna de su folclor y a ese contenido substancial de mezclas cargadas de
sabor, felicidad y optimismo que es la salsa. Entonces, ¿qué componentes
ayudarían a estructurar ese cuadro visual, esquema, esqueleto o árbol del
complejo salsa? Pues simplemente, fechas, países, bases rítmicas, momentos
claves, músicos determinantes, agrupaciones referencia, épocas decisivas,
sellos predominantes y estilos más caracterizados; en concordancia, con un
texto en el cual se informe de sus orígenes históricos, naturaleza
musical, evolución histórica, escuelas sobresalientes, tendencias
estéticas, papel cultural, desarrollo económico, influencia política,
apropiaciones sociales, recursos técnicos, procesos tecnológicos, además
de un componente importantísimo, el psicológico, justificado por los
elementos lúdicos, recreativos e imaginarios presentes tanto individual
como colectivamente en el fenómeno. Este factor que es la palanca del
tejido salsero, y que tiene como apoyo la música, es el gran ingrediente
obviado, voluntaria o inconscientemente, en cualquier "definición" que
hasta el momento se halla dado.
Aunque inconscientemente se acepta la universalidad del concepto salsa,
una concepción lucha por demostrar la no existencia del complejo,
aferrándose a la terca hipótesis que sugiere que la salsa es música cubana;
y, la otra concepción que es aquella que por todos los medios intenta
delimitar el lugar, tiempo y esfera de influencia de la salsa, otorgándole
un periodo de existencia en Nueva York, Puerto Rico y Venezuela a lo sumo
y estableciéndole particularmente un nacimiento, una evolución, un cenit,
un descenso, paradójicamente una permanente crisis y una muerte sin pena
ni gloria. Estas dos apuestas han sido poderosamente influyentes y
determinantes, pese a que inmutablemente han venido girando sin
imaginación en el mismo circulo estático, mecánico y vicioso; ambas son
las promotoras de ese limbo en el cual se naufraga y alimenta la llamada
crisis logrando que muchos caigan en ese hipotético callejón sin salida;
desenlace lógico a la carencia de una definición, conceptualización y
estructuración más universal que entregue una visión en conjunto integral
y contextualizada de la salsa, su música, complejo y fenómeno. En el
presente, por ejemplo, se ignora ordenadamente de que ha pasado después de
Fania, Nueva York y los ochenta, sospechándose que la salsa como complejo
nunca se ha detenido y que existe con su propio lenguaje valiendo ir a su
encuentro y reconocimiento de sus significaciones para colocarla en el
lugar que se merece.
En ese limbo sin profundización existiendo la materia cayó sorpresivamente
Cesar Miguel Rondón, después de haber sido el pionero en demostrar
claramente en su libro "Salsa, Crónica de la música urbana" el origen del
concepto, cómo se estructuro, de donde venía y para donde iba. Después de
leer esa primera edición publicada por la editorial Oscar Todmandt de
Caracas, el lector amante de la salsa comprendió conscientemente esa cosa
que lo emocionaba indescriptiblemente cuando escuchaba a la Perfecta de
Eddie Palmieri, o cuando Ricardo Ray descargaba su "Ahora vengo yo", o por
que las carátulas de los discos de Willie Colón y Hector Lavoe estaban
diseñadas con figuras de bandidos, o que llevó a los dueños de Fania a
invertir en el documental "Nuestra Cosa Latina", o como llegó Celia Cruz
al circuito de la salsa, o por que Ismael Rivera fue el mejor pago de las
Estrellas, o miles de aspectos que hubieran permanecido ocultos e
indescifrados sí Rondón no los hubiera escrito, ahí si que el limbo
hubiera sido eterno; gracias a esa crónica del periodista venezolano nos
enteramos de que sucedió y que era esa música que ponía a la gente a gozar
y a consumir, qué había detrás de ese mundillo que se presentaba
complementario al jazz y alternativo al rock y al pop. La publicación del
libro rojo de la salsa fue importante dado el momento del siglo XX por el
cual el mundo estaba transitando, en aquel 1.997 los habitantes de la
Tierra necesitaban explicación sobre todo cuanto acontecía en medio de una
guerra fría entre dos bloques políticos, económicos, culturales que
amenazaban volar en mil pedazos al mundo. Por entonces, simultáneamente se
planteaban miles de salidas desde diferentes posiciones.
Una de esa salidas fue la salsa, que reconsideraba estimas e imaginarios
desde sus sonidos contemporáneos para permitirnos imaginar
insospechadamente nuevos horizontes; en ese orden de hechos fue
determinante la labor enciclopedista de Rondón, quién no solo se limitó a
describir y comentar sobre la Fania sino que también contó y analizo la
existencia de otras corrientes paralelas o en contravía a la línea oficial
del negocio de Pacheco y Masucci; posiciones, tendencias, escuelas,
movimientos y estilos, tanto adentro como afuera del sello y del complejo,
que se presentaban desde lo más tradicional hasta lo más vanguardístico,
desde lo más nostálgico hasta lo más irreverente, desde lo más cubano
hasta lo más estadounidense, desde lo más local hasta lo más panamericano,
desde lo más rural hasta lo más urbano, desde lo más conservador hasta lo
más experimental; basta ver y escuchar con detenimiento el catalogo Fania
y los portafolios de otras marcas con menor suerte como Tico, Alegre,
Cesta, Cotique, TR, Internacional, Fonseca, Vaya, Bronco e Inca para
experimentar las razones, lógicas y alcances de un movimiento como los
varios que pululaban por aquellos décadas de sudor político, fragor
ideológico, contiendas cotidianas, revoluciones por doquier, jugadas
geopolíticas, sueños inconclusos, reacomodamiento de fuerzas,
reinvindicaciones sociales, luchas intestinas y debates por los derechos
fundamentales.
Pero así
como se debe alabar la visibilización de la salsa que el libro de Rondón
posibilito, vale la pena anotar que muchos temas quedaron a la deriva y
otros predeterminados, unos por que no fueron tratados y otros por el
sesgo con el cual se editorializaron, algunos aún siguen ausentes y los
otros se reafirmaron como mitos colectivos, tanto en la conceptualización
interna del complejo como en aquellos que oblicuamente desde otras
distancias lo observan. Un sesgo derivado de tal mirada es la fábula que
únicamente percibe del complejo su lado guapachoso, bailable y cantable,
perspectiva excluyente en desmedro de la inclusión en el complejo de
avanzadas escuelas como la pianística, representada en tiempos presentes
por figuras como Chucho Valdes, Gonzalo Rubalcaba, Ruben Gonzalez o Michel
Camilo; ejemplo que paradójicamente es útil para demostrar corroborando
como ese planteamiento término estrechando tanto al concepto como a la
ejecución y apreciación de otras manifestaciones dentro del rico, variado
y abundante complejo; los salseros al excluir corrientes como las
pianísticas o las instrumentales o aquellas con caracterizada
improvisación o aquellas por fuera de la visión "guarachera" estamos
empobreciendo conceptualmente a la salsa.
Esa valoración mítica y reduccionista, que solo aprecia como salsa a las
correspondientes a las formas bailables y verbales, es derivación de esa
mirada torcida con la cual se edifico en el primer mundo ese imaginario
iconográfico con elementos tropicales tomados de las llamadas "repúblicas
bananeras", aplicado mecánica, discriminada y automáticamente a todo
cuanto supusiera origen caribeño, reforzando el estereotipo que se ha
construido del salsero, quien no siempre es "guarachero, caribeño, insular
o netamente verbal", es decir básico, primario, simple y sin capacidad
para abstraer, manifestación muy próxima a la noción que los naturales del
hemisferio norte tienen de los americanos del río Bravo hacia el sur.
Involuntariamente el cronista venezolano daba elementos de juicio a
quienes han descalificado la salsa, fundamentados en la percepción corta y
desviada de un complejo del cual solo se distingue su corriente masiva,
para la cual puede resultar absoluta o relativamente pertinente su
valoración como música repetitiva, monótona y hasta estridente, pero sin
el conocimiento de la variada riqueza musical contenida en el buen número
de corrientes y tendencias restantes e ignotas que componen el universo
salsa no se hace justicia, en particular con aquellos músicos para quienes
la preparación, el ensayo, el talento, la creatividad y la imaginación son
esenciales en el momento de dar cada nota; sonidos en ritmo resultantes
que por cierto no excluyen el baile o la danza.
Igualmente, Rondón al solo describir la influencia de la música cubana y
puertorriqueña en la salsa y no hacer lo mismo con los ingredientes que
los latinos tomaron del jazz, del soul, del rythm and blue, del rock y de
el samba estaba omitiendo una parte importante de la salsa y orientando
tendenciosamente a un público que estaba en la obligación de ser debida y
universalmente informado sobre un fenómeno moderno que lo afectaba
positivamente. Rondón mencionó a Miguel Matamoros, Arsenio Rodríguez,
Orestes Lopez, Antonio Arcaño, Chuito el de Bayamón, Ramito, Noro Morales,
Mon Rivera, la Sonora Matancera, Pérez Prado, Xavier Cugat, José Curbelo,
Tito Puente, Tito Rodríguez, Machito, Chano Pozo, entre otros precursores
de la salsa neoyorquina, sin embargo de quienes influyeron desde los otros
géneros en el cocimiento urbano de la salsa es el momento en el cual no se
sabe quienes fueron, con qué y cómo lo hicieron; algo se menciona de Dizzy
Gillespie, Oscar Peterson, Mcoy Tynner, Horace Silver, Duke Ellington,
Herbie Hancock, pero nominalmente, y eso que bastantes ingredientes
regresaban a los arrabales estadounidenses de donde habían partido
inmersos en los arreglos jazzísticos que se hacían para la música
ejecutada por los conjuntos de son, combos y "big bands" tanto en Cuba
como en Puerto Rico como en los propia Unión Américana.
Por esta omisión e inclinación, que no solamente es de Rondón, aún se cree
que todos los ritmos de la salsa van en clave, sin estudiarse el caso del
boogaloo por ejemplo, que por provenir del rythm and blue es considerado
cosa ajena, los estudiosos no saben donde ubicarlo, cual es su lugar en la
historia, a que complejo pertenece, se intenta pasarlo por alto pero ahí
continua, pienso que puede ser a consecuencia de no haber sido abordado
todavía por algún investigador cubano para luego replicarlo; o por que lo
estadounidense y en inglés no es cosa nuestra latina. Del mismo modo
acontece con un formato que esta al alcance visual y sonoro diario, el más
popular de todos a cuantos recurren los músicos salseros a la hora de
conformar su orquesta, el que la gran mayoría de orquestas utiliza desde
los sesenta, el formato instrumental de las "brass band" sobre el cual
nada se escucha hablar y sobre el cual nadie ha escrito exclusivamente,
aunque Rondón en el Libro de la Salsa lo describió e insinuó. Serios
indicios parecen señalarle un origen compartido entre la salsa neoyorquina
y el soul afroestadounidense.
Ha sido tal la influencia de Rondón en la apreciación que se hace del
fenómeno y del complejo, que de su observación, escritura e interpretación
se han originado innumerables puntos de vista, de los cuales sobresalen
tres líneas de apreciación: la primera, que la salsa viene desde antes de
la época de los sesenta y que transciende a los ochenta; la segunda, que
evalúa la muerte de ella, la cual puede ser cierta en cuanto a que esa
época ya se fue, así su corriente principal este vigente; y una tercera,
la que tasa el movimiento desde el sesgo guapachoso, bailable y caribe,
por no nombrarlo como el sonero que fue el triunfante. Como corolario se
observa que desde 1.979 es mínimo el grado de avance en materia de
análisis e interpretación del fenómeno, del complejo y de la música, se
llevan a cabo compilaciones juiciosas y estudios profundos sobre
diferentes tópicos pero resalta el bajo nivel de riesgo que se perfila en
materia de ensayo, pese a que Rondón escribe su libro en un género
diferente.
Desde entonces, ¿qué se ha desarrollado en los niveles de investigación y
de pensamiento sobre ese componente urbano que ha participado en la
recreación de las músicas caribeñas, sabiéndose que la salsa, además de
ser un fenómeno estético regional es también un fenómeno estético urbano?
¿Cuales son los estudios que se han realizado con referencia a las
relaciones que se dan entre música caribe, ciudad y modernidad? ¿Se sabe
por que las ciudades modernas son espacios de forzosa interacción y de
permanente intercambio? ¿Ha habido inquietud por saber por que Rondón
subtítulo a su libro "Crónica de la música urbana"? ¿Se ha desarrollado
alguna línea autónoma y alternativa de pensamiento diferente a las
propuestas por Rondón o por los cubanos? ¿No hace falta una mirada urbana
y moderna, tanto del fenómeno como del complejo, acorde con los avances
del pensamiento, las relaciones humanas y el uso de las nuevas
tecnologías? ¿No es urgente una mirada renovadora de la salsa que facilite
a los integrantes del fenómeno un disfrute, apreciación y crítica
correspondiente con lo que realmente acontece al interior del complejo y
su discografía mundialmente ?
Un ejemplo que posibilita concientizar cuan atrasada o tendenciosa o
estereotipada es la mirada sobre la salsa en general, es el mito
recurrente que hace creer que los salseros son seres caribes cuando
resulta que la gran mayoría de ellos son seres urbanos; caribe es un
concepto y urbano es otro, la salsa es caribe y urbana, sin embargo se
sigue comentando la salsa desde una óptica regional insular
tradicionalista. ¿Se debe quizá a esa concepción conservadora el que no
haya interés por encontrar que motivó a los latinos a tocar y grabar
boogaloos, "shingalings" y temas en tiempos y acentos diferentes a los 3/2
y 2/3 de las claves tradicionales? ¿Existen estudios desde la salsa sobre
los numerosos temas salseros cantados en "spanglish" y en inglés durante
los sesenta? ¿Qué de la salsa fue lo que le interesó a tantos músicos
extranjeros de otros complejos, géneros y culturas a hacer parte
integrante del complejo salsero, como en los casos de Joe Bataan, Ralphi
Pagan, Carlos y Jorge Santana, Manu Dibango, Mark Dimond, Mongo
Santamaría, Barry Rogers, Marty Sheller, Doc Cheetman, Larry Harlow, Louis
Khan, Stevie Winwood, Stevie Gadd, Billy Cobham, Jan Hammer, David Byrne,
Gene Page, Billy Page, Ry Cooder, Sargento García, Richard Blair,...?
¿Acaso será que por estar casados con esa concepción se deba que ninguno
se halla dado cuenta sobre el formato de las "brass bands", cuando a
diferencia se menciona con insistencia a los septetos, a los conjuntos de
son, a las danzoneras, a las charangas y a las "big bands"? y de las
nuevas tendencias que son mezclas con otros complejos ¿que se puede
comentar que no sean descalificaciones sino sólidos análisis sin perder de
vista el recorrido progresivo y sincrético del complejo desde su aparición
mediatica a comienzos del siglo XX? En esta serie de interrogantes todavía
sin respuesta, se vislumbra como Rondón y quienes lo asesoraron en Nueva
York marcaron conceptualmente a todos quienes en Latinoamérica los
siguieron, la gran mayoría miembros de una sociedad monolingue, con
respuesta especifica al estimulo de las claves y con una muy fuerte
ascendencia rural. Las líneas de trabajo, ponencias y comentarios sobre el
conjunto de la salsa pareciera indicar que no hay interés por conocer la
otra cara de la luna, mientras los músicos, la industria y la sociedad
señalan nuevas direcciones.
Dos trazos resaltan una vez realizadas la observancia detenida de los
catálogos de la salsa de los sesenta a los ochenta, la lectura del "Libro
de la Salsa", la reflexión sobre el cómo se piensa actualmente el fenómeno
en general y del seguimiento a cuanto ha acontecido y producido el
complejo desde entonces: el primero, que siendo un sector de la salsa un
fenómeno urbano y un fenómeno moderno a la vez, no se tienen estudios y
reflexiones desde el urbanismo y el modernidad sobre el complejo y sobre
el fenómeno; y segundo, que la salsa se continua mirando, escuchando y
disfrutando desde una perspectiva costumbrista, regional y localista con
la inconsciente tendencia a reforzar las imágenes artificiosas del hombre
y del paisaje caribe y latinoamericano construida en los centros de poder
etnocentristas e insertadas en los imaginarios populares como reales e
inmodificables.
La observación en una nueva dirección descubre una de las tantas formas de
dependencia intelectual y metodológica, sobre todo aquella que exhibe una
notable ascendencia de los estudios realizados en el exterior para cada
una de sus geografías, en especial por aquellas que han sido realizadas
por investigadores cubanos, loables para la cultura de la Isla y
auxiliares básicos para la comprensión general del fenómeno y del
complejo, pero que afectan panoramas universales o locales como el
colombiano cuando solo es divisado bajo esa óptica, la más de las veces
tradicionalista y premoderna, como se comprueba con el abordaje que se le
ha venido haciendo a la salsa colombiana, la que primero se pasa por el
filtro de la interpretación cubana, luego por la neoyorquina y a
continuación por la puertorriqueña, brillando por su ausencia la reflexión
y el trabajo de campo desde otros paradigmas. Paradójicamente, cuando se
coteja lo nacional dándole prioridad al ámbito de las influencias
extranjeras, mágicamente desaparece la utilización de esa perspectiva
regional y localista con la cual se defiende la salsa en general, entonces
lo colombiano o nacional se debe al influjo de fuerzas netamente foráneas.
Fuera de la aceptación consciente del término salsa por la sociedad cubana
en materia de pensamiento colectivo, desde la aparición en 1.979 de
"Salsa, crónica de la música urbana" diera la sensación que nada nuevo
hubiera bajo el sol en materia de reflexión y discografía renovadora,
presunción que se hace evidente en varias facetas de la salsa, pero que se
hace critica en un caso muy especial, cuando la familia de la salsa
diferencia entre la salsa verbal y la salsa no verbal, llamándola a una,
salsa a secas y a la otra, jazz latino, degradando a la verbal y a su vez
considerando de sangre azul a la no verbal, justificando de ese modo su
jerarquización con carga de culpabilidad a la cuota de dial y de pantalla
que los medios entregan ventajosamente a la salsa balada y a la salsa
romántica, y aún a la salsa clásica, piedras de la discordia y por ende de
la exclusión. Sin embargo, y sin entrar a cuestionar la debatible
"calidad" de la salsa a la cual los medios masivos le prestan atención
¿que tanto puede llegar a afectar en su calidad, la promoción radial
continua de un tema tan extraordinario como es "Son para un sonero" de
Adalberto Alvarez por Son 14, el cual contó con cierto favoritismo por
parte de los programadores radiofónicos? o, ¿qué tanto puede elevar su
calidad un tema, como muchos de aquellos que se adoran en silencio y se
programan privadamente, si tiene una divulgación cuantiosa tal como la que
ha tenido una pieza maestra del jazz latino como es "Sonido Bestial" de
Ricardo Ray ? ¿Acaso el ideal no es que la salsa en cualquiera de sus
formas alcance su difusión masiva? ¿Hasta donde el salsero está en
capacidad de ceder o de consensuar el desgaste de su música por la
promoción mediática? y ¿hasta donde el salsero esta en capacidad de
exigir, cuando se percibe ciertos grados de anacronismo en materias
discográfica y de pensamiento?
Un caso descollante es el de Rondón, quién pareciera que en el momento que
comenzó la actualización de su crónica para la nueva edición no tenía
claro cuanto y cómo había progresado el género que él ayudo a
conceptualizar, cuestionamiento que se torna palmario en la nueva edición
del "Libro de la Salsa", para el cual era preferible que se hubiera
omitido ese capitulo agregado sobre la nueva salsa, que genera la
sensación de haber sido escrito de afán dada las múltiples ocupaciones del
periodista, o que se llevó a impresión pensando en el mercado colombiano,
lo cual hace presumir que si se hace una edición para el mercado
puertorriqueño se restaría el apartado colombiano y se introduciría en
cambio un capitulo puertorriqueño; especulación que surge luego de haber
cotejado las dos ediciones y que imposibilita creer que aquello que Rondón
visualizó como un amplio futuro para la salsa se halla reducido meramente
a la salsa colombiana, a la cual con el capitulo adicionado se presenta
como la única tendencia contemporánea de trabajo y resultados estéticos
que tiene el complejo salsero después de los ochenta.
Unas preguntas para Cesar Miguel Rondón : ¿Que paso desde entonces en la
música salsa ? ¿Desapareció el complejo salsero con la crisis de los
sonidos de Nueva York? ¿Que fue de las tendencias complementarias y
alternativas que en Nueva York se daban y que en la primera edición de su
texto esbozó? ¿Que aconteció desde los ochenta hacia acá en Nueva York,
Puerto Rico, Cuba, San Francisco, Los Angeles, Miami, Venezuela, España,
Europa, en el Africa, en el Japón, en Latinoamérica entera? ¿Que ha
ocurrido con el universo sonoro de Eddie Palmieri? ¿Que hay de rescatable
en la salsa balada? ¿Cual es la importancia de Irakere como nuevo
referente sonoro? ¿Quién es Poncho Sánchez? ¿Cual es la razón del
nacimiento de tantos sellos independientes como Cubop, Tonga, Antilles,
Tumi, Envidia... ? ¿Qué opina de todo cuanto se ha derivado del éxito del
Buena vista Social Club ? ¿Que papel juega Cachao en Miami? ¿Es Guaco
gaita salsera o salsa gaiteada? ¿Hay influencias de la salsa en la timba y
en el nuevo flamenco? ¿Pensó que alguna vez Europa se convertiría en uno
de los epicentros de la salsa? ¿En donde ubicaría a Los Mocosos o al
Sargento García ? ¿Fue flor de un día la salsa en el Japón ? y ¿de la
evolución de Ruben Blades, qué?. Estos son algunos de los tan numerosos e
infinitos interrogantes que se quedaron por resolver en la nueva edición
del Libro de la Salsa, que elaborada a partir de un imparcial diagnóstico
hubiera sido preferible que no se promocionará de la manera como se hizo,
ya que actualización en contenidos y en cuanto a pensamiento no hubo
concretamente.
¿Fueron el afán o las circunstancias las que no le permitieron a Rondón
llevar a cabo una actualización cabal con la evolución del complejo?, ó
¿está convencido que la salsa ha tocado fin?, o ¿la salsa en verdad se
estancó ?, o ¿esta desinformado de todo cuanto ha ocurrido?, ó ¿le falto
un esquema en donde visualizar en conjunto los orígenes, trayectoria,
ramificaciones, estilos, fechas, épocas, momentos, ciclos, convergencias,
desenlaces y demás elementos necesarios para estructurar un concepto y un
sistema fundamentados aunque fuera en una discografía plenamente
actualizada? La salsa sí se merecía un libro en un formato editorial tan
lujoso y exquisito como el que ha publicado Ediciones B del Grupo
Editorial Zeta, rindiéndosele de ese modo un homenaje honroso a la música
que simboliza sonoramente el vivir y el querer de las gentes de un
continente en el planeta; sin embargo, con el contenido del texto original
de la primera edición, más el prólogo de Leonardo Padura y las inéditas
fotografías que se incluyeron en la edición del año 2.004 bastaba; el
lector anterior comprendía que era una reimpresión, así se le quedará
debiendo su actualización acorde a la multidimensionalidad de lecturas que
el libro permite realizar en concordancia con el desarrollo real y
universal de la salsa; la cual han intentado varios interesados, entre
ellos los colombianos José Arteaga y Enrique Romero aunque con demasiada
flexibilidad, ya que no todo en el Caribe es salsa, incluso siendo
respetuoso de cualquiera de las claves.
A la salsa se le debe una actualización que atienda y simultáneamente
auxilie con información a la metodología y clasificación planteada en el
libro "Del Canto y del Tiempo" del investigador cubano Argeliers León,
quien encuentra prototipos, arquetipos y estereotipos básicos, repetitivos
y sucesivos en las músicas cubana y caribeñas de distintas naciones;
gestión intelectual que han venido complementando otros estudiosos en
América como son el estadounidense John Storm Roberts y la colombiana
Rocío Cárdenas, quienes han descubierto incluso en otros lenguajes
musicales americanos elementos semejantes a los que fundamentaron la
recreación desarrollada en Nueva York por los años sesenta; quizá esa sea
la herencia e impulso subyacente por el cual la salsa es sentida por los
latinos como su música representativa general, así se reserven para sus
músicas nacionales su particular cariño; uno de los tantos factores
psicológicos inmanentes a la salsa, componente que como ya se había
señalado permanece inédito en el fenómeno.
Antes de continuar bien vale conocer cuatro opiniones colectivas que
recogen en síntesis las tantas que se leen y escuchan acerca de lo que es
la salsa. La primera surge del conglomerado de personalidades mas
influyente del género, quienes han señalado que la salsa son los ritmos y
el repertorio cubano, aprovechados oportunamente por los músicos
neoyorrican y puertorriqueños en el Nueva York de los sesenta, debido a
las nuevas condiciones políticas y económicas que sucedían en Cuba;
afirmación que ha tenido riposta por parte de investigadores
puertorriqueños, quienes encuentran en su son, guaracha, danza y bomba
enunciados fundamentales para justificar el aporte auténticamente nacional
dado por sus compatriotas a la salsa como expresión urbana y regional
compartida; esta la segunda. La tercera se acopia de lo pronunciado por un
grupo no tan numeroso como el primero y menos influyente, quienes en su
conjunto han dicho que los latinos a partir de un legado común generaron,
desde la marginalidad de una ciudad y desde la de una cultura nacional
dominante inclusive mundialmente, un estilo sonoro urbano que se fue
expandiendo desde los asentamientos latinos hasta alcanzar Nueva York, los
Estados Unidos, el Caribe, Latinoamérica y el mundo durante el transcurso
de las dos décadas siguientes, consecuencia indiferente a la de cualquier
situación que hubiese pasado en Cuba. La cuarta reúne lo que piensan
aisladamente personas de aquí y de allá sin mayor ascendencia, y quienes
manifiestan que el fenómeno musical que se dio en el llamado Barrio fue en
realidad el resultado lógico de la evolución que venía ocurriendo con las
músicas cubanas y puertorriqueñas tanto en las islas como en Nueva York,
desde las década de los veinte del siglo XX, independiente de lo que
pasara políticamente. En síntesis, son posiciones y deben haber más,
empero las cuatro coinciden en que fue una época bien delimitada como
quedo consignada por Cesar Miguel Rondón en su "Libro de la Salsa" y en
cuantiosos albúmes, textos, memorias, documentos y películas.
Periodo de tiempo, que como todas las cosas de la vida, tuvo su inicio,
principios, circunstancias, crecimiento, cima, reproducción, descenso y
crisis, la que aducen algunos interesados en el tema como elemento
justificador para asegurar la muerte de la salsa; aseveración que acusa
desconocimiento de los ciclos a los cuales están sometidos todos los
fenómenos y procesos del universo y que acusa de otro modo desinformación
sobre la diversidad de agentes, factores, circunstancias y fenómenos que
marchan análogos a todos los procesos en cualquier momento de la historia;
con respeto se observa que algunos planteamientos soportan sus argumentos
sobre aquella teoría que establecía que la Tierra era el centro del
universo, aquella creencia que Galileo y Copérnico derrumbaron al
consentir sus descubrimientos una nueva concepción de pensamiento, no
solamente para observar los movimientos de los astros en el firmamento
sino los relativos a todos los seres, cosas y asuntos terrestres; las
tesis de los revolucionarios científicos europeos comprobaron que es la
Tierra la que gira alrededor del sol, y que la tierra y el sol junto a
otros astros conforman un sistema, y que este sistema solar junto a otros
sistemas de características similares y no semejantes conforma otro
conjunto llamado galaxia, y que ésta junto con millones más componen el
infinito universo permitiéndonos imaginar la simultaneidad de movimientos
sincrónizados como mecanismos de un reloj presto a dar un fragmento de
tiempo.
Cuando el sello Fania con sus músicos, agrupaciones y tendencias avanzaba
imperialmente, otros sellos, otros músicos y otras agrupaciones en
consonancia sonora con la época, en menor escala producían con mayor,
igual o menor talento que quienes tocaban u orquestaban para Fania; en el
Nueva York de los sesenta a los ochenta, además de las Estrellas Fania
estaban las Estrellas Tico, Alegre y Cesta con diferencias sonoras entre
sí mínimas si se quiere, debido en buena parte a los músicos que se
intercambiaban, que no eran todos y por demás todos no hacían parte de
esos colectivos, algunos otros descargaban en el Grupo Folklórico y
Experimental Nuevayorquino o en la Supertípica de Estrellas, esto en la
Gran Manzana; por que en Isla del Encanto estaban organizadas las
Estrellas de Puerto Rico, que al igual que en Nueva York no eran todas;
pronto se conformaron la Puertorriqueña, la TH y hasta Batacumbele,
mientras músicos más tradicionales hacían punto en otros sones. Entre
tanto en Cuba se formaba la Orquesta Cubana de Música Moderna para dejar
una escuela que sirvió como paradigma para la conformación de un ensamble
que como Galileo o Copernico visualizaría nuevos derroteros para la salsa
en general: Irakere, por el sólo una constelación de astros con luz propia
y a la par de los tiempos con las Estrellas Areito y Todos Estrellas que
demostraban como el son, el danzón y el guaguanco no se habían ido de
Cuba, al tiempo que otros cubanos en Nueva York y Miami se reunían para
manifestar sus pareceres estéticos y diferencia ideológicas con la
conformación de las Estrellas Sar, Miami y Super, mientras en el litoral
pacifico estadounidense varias tendencias, desde los tiempos de George
Shearing y Cal Tjader, suscitaban alientos alrededor de un grupo de
percusionistas como Mongo, Peraza, Aguabella, Bobo y Patato... y, a todas
estas: ¿dónde andaban Tito Puente, Tito Rodriguez, Machito, Cortijo,
Cachao y muchos de aquellos músicos que escribieron la prehistoria
sesentera y que aún, después de esa fiebre, seguían tocando? ¿Donde ubicar
el boom venezolano que podría referenciarse desde las Descargas en los
Barrios hasta el Trabuco Venezolano? o ¿lo que acaecía en Colombia con la
Colombia All Stars, alineada por integrantes de Fruko y sus Tesos y del
Grupo Niche, entre otros? En fin, como lo testimonian el "Libro de la
Salsa", los catálogos existentes y los centenares de acetatos, la Fania no
era una empresa musical homogénea ni era todos los sonidos de Nueva York y
mucho menos todos los del Caribe y menos los únicos de la salsa en sus dos
grandes corrientes: la verbal y la no verbal, la cantada o la
instrumental, la de la salsa o la del jazz latino, que en ultimas son
sinónimos, no así la palabra Fania con la cual se bautizó un sello
discográfico que se convirtió mundialmente en sinónimo de salsa sin serlo
plenamente.
Uno de lo estudiosos latinoamericanos que se presta más acucioso por
definir la salsa es el colombiano Sergio Santana, quién inquieto ha
intentado a través de varios textos sacar del limbo a los salsamantes que
navegamos náufragos en posturas individuales y sectoriales, consecuentes
con aquellos ingredientes que en diferentes proporciones han ido
desarrollando el gusto, la sensibilidad, el sentimiento, el raciocinio y
la imaginación por una música que ha transcendido sus naturales fronteras.
¿Cual pudo ser la combinación de agentes y factores que en medio del caos
influyó en la elección inconsciente o consciente por una música entre
caribe y urbana, rural y moderna, entre tradicional y contemporánea? y, al
interior del complejo salsero ¿cual pudo ser el cruce de agentes y
factores que en medio del caos salsero influyó por la elección
inconsciente o consciente por determinada época, estilo, corriente,
escuela, agrupación, sonido, músico, arreglista, formato, tonalidad,
timbríca, temática, país, sello o cualquier otro etcétera? Yo por mi parte
me hago al lado de Ibsen, quién alguna vez afirmó "que el hombre es capaz
de promover muchas acciones pero que el destino dirige las principales".
Cualquier causa y azar que halla acontecido en nuestras existencias fue y
continua siendo decisivo en el momento de tomar y expresar una posición,
ese pensamiento permite acertar, aproximarnos o equivocarnos en las
apreciaciones que se exteriorizen y con ellas, por arrastre, que otros
acierten o se aproximen, se retracten o continúen equivocados, de ahí la
importancia de una mirada más epistemológica tanto de la música como del
complejo y del fenómeno.
Santana en su libro ¿Qué es la Salsa? cita "definiciones" de los
principales implicados en el fenómeno salsero, los músicos, quienes son el
principio, y por lo tanto, el protagonismo, el testimonio y la noticia del
antes, el durante y el después de la época neoyorquino de la salsa
alrededor de Fanía. Pensaría Santana ¿quién mejor que ellos, los grandes:
Celia, Machito, Puente, Colón, para que definan la salsa? ¡Quién mejor que
ellos lo directamente responsables, los creadores del fenómeno, para sacar
a los salseros de la duda? Las estrellas que a cualquier país que van a
presentarse les preguntan ¿que es la salsa? y ellos muy diligentes
responden a la misma inquietud, en todas partes, con las mismas
palabras... ¡y no hay tal!, por sus respuestas, ellos también están en el
limbo, entregan aproximaciones pero ninguno define que es en realidad la
salsa. Los músicos como los académicos tienen fortalezas y debilidades que
pueden ampliar o sesgar el debate interdisciplinario o multidisciplinario,
al fin y al cabo no son dioses sino seres humanos con posturas definidas a
partir de sus vivencias, circunstancias y azares. Un chiste del mundo del
jazz que viene al caso cuenta que la gran mayoría de los "jazzmen" no
tienen sino un doble interés: saber en donde va hacer el próximo toque y
como resolver sus problemas legales y contables con las sociedades de
autores y de interpretes.
Para la construcción de una nueva mirada deberá tenerse en cuenta a otros
agentes y factores que también han hecho el complejo musical y
discográfico, que en apariencia diera la impresión que solo hubieran sido
procreado, formado y multiplicado por los músicos, la realidad muestra
otro diagnóstico y en ese cuadro aparecen otros agentes y factores que son
en últimas los que permiten hablar de un fenómeno, claro que dividiendo
por lo general el mundillo salsero entre los buenos y los malos: de un
lado, los músicos y los fanáticos y en el otro, la industriales, los
comerciantes y los promotores, resultando que las cosas no son tan simples
como en cualquier en película de Hollywood. ¿Son las disqueras un mal
necesario? ¿Es la comercialización de la música un asunto que sobra? ¿Es
la divulgación de la salsa la que ha generado su supuesta crisis? Son
preguntas que surgen después de escuchar diferentes actitudes hacia la
industria en cualquier escala del entretenimiento, empero ¿acaso no es su
intervención, con sus objetos creados o recreados: discos, cintas, equipos
de sonido, instrumentos musicales, la que posibilita en la apreciación o
goce del complejo musical y discográfico de la salsa?
Para algunos especialistas en la materia, la industria del entretenimiento
es la culpable del estancamiento (?) en el cual se encuentra la salsa, es
la responsable de la excesiva comercialización de otros complejos
musicales, como el pop y el rock, y de una corriente de la salsa, como la
salsa balada, en desmedro de la verdadera (?) salsa, entonces contra ese
sector de la industria se emprende una serie de análisis y comentarios
atrincherados desde posiciones sesgadas con el objeto de algún día
derrotar ese eje del mal que componen los sellos disqueros, la
comercialización y los medios de comunicación, causantes de no dar la
debida atención a la salsa que verdaderamente es (?). ¿Será la industria
del entretenimiento la única culpable de todo lo malo que le acontece a la
salsa ? ¿No será más bien un conjunto de agentes y factores donde la
ética, la política, la economía, la educación y la cultura ocupan lugares
de alta responsabilidad y en los cuales tenemos parte todos, incluidos
todos y cada uno de los salseros? A veces diera la impresión que la
industria del entretenimiento es el chivo con el cual se expían culpas,
responsabilidades y estructuras ausentes.
Sin embargo, así como la industria del entretenimiento, y en especial la
discográfica es responsable parcial de las concepciones unilaterales que
se tienen del complejo y del fenómeno, también ha posibilitado a través de
sus recursos que el melómano haya hecho de su disfrute y conocimiento la
salsa desde principios del siglo XX hasta hoy; debido a estos medios o
entes, públicos o privados, estatales o capitalistas, nacionales o
internacionales, independientes o multinacionales, alternativos o masivos,
tradicionales o modernos, conservadores o vanguadísticos, autóctonos o
industriales, folklóricos o progresivos, empíricos o académicos, de menor
a mayor escala, es por los cuales se experimenta el gozo que produce el
escuchar al Trio Matamoros, al Septeto Nacional Cubano, Arsenio Rodriguez,
la Sonora Matancera, Arcaño y sus Maravillas, Noro Morales, Cesar
Concepción, Tito Puente, Joe Loco, Joe Cuba, la Charanga Duboney, Enrique
Jorrin, la Orquesta Aragón, la Orquesta Broadway, Elio Revé, Los Van Van,
La Orquesta Flamboyan, Joey Pastrana, Ismael Quintana, Lobo y Melón, La
Selecta, Tommy Olivencia, la Orquesta Mulenze, Oscar D´León, Gilberto
Santarosa, Victor Manuel, Grupo Niche, Cano Estremera, D.L.G., Paulito
F.G., Klímax, Manolito y su Trabuco, el Buenavista Social Club, Jesus
Alemañy, los Afrocuband All Stars, Gonzalo Rubalcaba, Michel Camilo, Steve
Turre, Rebeca Mauleón, el Ensamble Machete, el Conjunto Céspedes, Paquito
D´Rivera, los Hombres Calientes, Los Orishas, Los Papines, Cañambu, Tony
Croatto, Andrés Jiménez, Atabal, Plena Libre, Jerry González y los Piratas
del Flamenco, Ketama, Salsa Céltica, Nueva Manteca, Cubismo, la Nettai
Tropical Jazz Big Band, Africando, Rumbata, La 33, el Sexteto Tabalá...,
músicos y colectivos de distintos ejes, corrientes, estilos y épocas a los
cuales se puede hacer extensiva la clasificación de las categorías
bipolares expuestas en el encabezamiento de este párrafo, incluso en ella
puede encontrar localización la inclinación personal del salsero, ya sea
herméticamente localizándose en un lugar de los mencionados con una
palabra o combinando flexiblemente la pizza al gusto, por que en todas hay
artistas, agrupaciones o producciones que van desde lo excelente hasta lo
lastimoso, en concordancia con el nivel de escolaridad o formación
educativa de cada uno.
¿Hacia dónde va la salsa? se preguntan generalmente interesados en el
fenómeno, en el complejo y en la discografía, lo que connota una
aceptación abierta del término, un entendimiento panorámico del fenómeno y
un rechazo relativo a los pronunciamientos sobre la muerte de la salsa, la
que aún entre sus cenizas encuentra leños encendidos para levantarse como
ha acontecido con los revival de reciente aparición, que son una constante
en la música de los pueblos y, por supuesto, la salsa no iba a ser la
excepción como sucede con el rejuvenecimiento de uno de los sonidos de
Nueva York de una manera y con la moda de los "jóvenes longevos cubanos"
en el mundo de otra. Por ejemplo, llama la atención el retorno de la
llamada salsa clásica neoyorquina a los estudios de grabación, perfil que
se comprueba con la publicación creciente en número de compactos bajo esa
visión acústica como los de Jimmy Bosch, la Spanish Harlem, los Soneros
del Barrio, Son Boricua o La 33 en Bogotá; incluso se ha querido hacer
entender que esa escuela había desaparecido y resulta que sus principales
cultores como las Estrellas Fania y el Conjunto Libre han permanecido en
primeros planos, tanto así que sus estilos continúan escuchándose a través
de la radio, viéndose en conciertos, animando bailes, grabando discos y
firmando autógrafos; sí esto es muerte, pues el muerto ha gozado de
perfecta salud pues es una corriente que colea convertida en salsa
clásica.
Hoy en los comienzos del siglo XXI, cuando aparecen revivals con ese
periodo sonoro urbano, cuando renace la vieja música campesina cubana y
cuando jóvenes por debajo de los treinta años se la gozan tocando y
arreglando bajo esos parámetros estéticos se puede exteriorizar que hay
escuelas, y no solamente estas dos sino varias dentro del complejo, pero
al parecer estas dos son los ejes principales del movimiento, una escuela
surgida del talento irreverente de un grupo de jóvenes latinos que
acomodaron a su estilo de vida tendencias que sus mayores desarrollaron en
Cuba, Puerto Rico y los Estados Unidos y, la otra escuela, la que nutre
principalmente el complejo, la sonera, la vena sanguínea mas importante e
influyente, que se desprende de un eje tradicional retomado en los noventa
por los Buenavista Social Club, las cuales con su vigencia, continuidad y
ejemplo dan un espaldarazo a aquellos que en sus momentos defendieron a
ultranza una música que nos "llegaba" de Nueva York y de Cuba y para las
cuales propugnaban una difusión mayor y, ahora cuando se tiene una cuota
en el dial ya no es buena ¿Entonces que ha pasado mentalmente con los
pioneros y fanáticos que solicitan cuotas y continuidad?
Una mirada a una discotienda en Bogotá nos puede dar una idea de cómo se
vende la música salsa, y subyacentemente de las dificultades que se
atraviesan para su comprensión como complejo y como fenómeno, dejando
entrever la necesidad de un concepto que permita visualizar con claridad
el panorama. La oferta discográfica por lo general se ordena en tres
secciones: salsa, jazz latino y Cuba; en salsa preferiblemente se ubica la
salsa cantada; en jazz latino, se le da prioridad a la salsa instrumental,
tenga elementos de jazz o no; y en Cuba, a las producciones campesinas y
urbanas desde los tiempos anteriores a la revolución socialista hasta el
presente. En la salsa cantada se ponen artistas y agrupaciones
considerados clásicos y los solistas llamados comúnmente comerciales; en
clásicos se encuentra desde Celia Cruz con el respaldo de la Sonora
Matancera hasta lo más reciente de Rubén Blades y en los solistas desde
Jerry Rivera hasta Gilberto Santarrosa. En jazz latino se pueden topar
discos de Machito, Tito Puente, Davis Sánchez, Michel Camilo y Gonzalo
Rubalcaba; y, en Cuba desde Sindo Garay hasta el Buenavista Social Club
pasando por Benny More y el Irakere. A veces se cuelan o se dejan deslizar
entre los estantes discos del Grupo Creole, Sexteto Tábala, Grupo Bahía o
hasta el propio Joe Arroyo, porque a ciencia segura no se sabe si es
música colombiana, cubana, caribeña, salsa o "World Music".
Como salta a la vista en las vitrinas de las discotiendas hay cruces
sincrónicos y diacrónicos a la orden de los gustos y tendencias, sin
embargo, en los mostradores se corrobora a las claras que es una oferta
limitada, especialmente para la producción innovadora, alternativa,
progresiva, de vanguardia y para la auténticamente contemporánea. En la
sección de novedades por lo general se encuentran los solistas tipo Victor
Manuelle; pero discos de aquellos artistas que van creando con imaginación
nuevas pautas sonoras no se exhiben, de aquellas agrupaciones de las
cuales un grupo de salseros nos enteramos a través del correo de brujas,
del internet, de la radio cultural o de las revistas especializadas de los
Estados Unidos que informan de cuanto acontece en el "show bussines"
latino, por cierto ámbito descuidado en América Latina, quizá por el
desequilibrio en la balance de pagos, por el bajo poder adquisitivo de las
monedas nacionales frente al dólar, por la concentración excesiva de la
riqueza, por las profundas diferencias que se presentan en los niveles de
escolaridad que impiden un mejor entendimiento del complejo, al poco
interés que le prestan empresarios al tema en cuestión, a la baja difusión
que se le da a las nuevas tendencias o a la cortedad de horizontes en
términos de riesgo empresarial. Valga manifestar que una fuerte economía
en el fondo dinamiza el complejo, ya que la música es también un sector
que gana, y no solamente pierde con la industria, el comercio y la
publicidad, los hipotéticos patitos feos del complejo y del fenómeno.
Escribe Santana que la salsa va hacía donde "la lleven las casas disqueras
y los pulpos de la promoción, con sus defectos, sus sorderas y sus pocos
aciertos"; puede ser, aunque los aciertos no son pocos, suficiente con
revisar el documento que el propio Santana tituló "¿Hacia donde va la
Salsa?" presentado como ponencia en el Encuentro de Investigadores de
Música Afrocaribe, llevado a cabo en Barranquilla en el 2.002, para
encontrar que la salsa con todas sus tendencias, corrientes, estilos,
movimientos, escuelas, sí se quiere por países y continentes, goza de una
plenitud a toda prueba y una visión con alcances universales, a la cual le
falta una redefinición, una sistematización y una concientización real
para observar en conjunto su estructura orgánica, desarrollo histórico y
cultura estética. Otro asunto es que no se comparta de los programadores,
promotores, músicos, productores y gerentes de medios y sellos
discográficos, la inmoral trascendencia y descarada cuota de dial y
pantalla que se entrega a la salsa balada y la poca o nula que reciben las
otras tendencias, en especial las alternativas o de vanguardia. !Que
hallan tantos músicos como ensambles de distinta conformación y diferente
calidad con tantas tendencias y escuelas en tantos países de los cinco
continentes, lo que viene a confirmar es que la salsa, con tan poca cuota
en un mundo dominado por el idioma inglés y los negocios transados en
dólares, es la competencia directa a los discursos del rock y del pop,
inmanentes a la voluntad hegemónica del primer mundo!.
Gracias a la globalización, por que el asunto no solo ha sido de "allá pa´
ca", "sino de aquí pa´ allá", se puede entrar a redefinir también el papel
de la salsa como movimiento alternativo en la cultura musical mundial, que
de por sí lo ha sido desde la aparición industrial y masiva del rock and
roll, del pop y del hip hop. Basta encontrar la existencia afortunada de
sellos independientes, productores independientes, discotiendas
independientes, emisoras universitarias y espacios para la rumba que
promueven materiales que han permitido placenteramente ajustar, como
piezas de un rompecabezas, producciones discográficas de significativos
valores para la apreciación recreativa de la música sino inclusive del
estudio del hombre americano, su historia y su cultura. Este ejercicio
independiente ha permitido conocer la progresión y vertientes de una
música con reconocimientos mundiales; gestión que ha facilitado hasta
revaluar conceptos y lanzar proposiciones como aquella "que no es
necesario haber nacido en el Caribe hispanoparlante para ser salsero". La
salsa es un complejo y un fenómeno en construcción, en cuyo devenir han
participado e influido hombres de variadas geografías, distintas culturas,
historias análogas y continuo mestizaje, no siempre relacionados por la
misma lengua de origen castellano aunque sí por la constante articulación
de los tambores.
La observancia panorámica de la salsa como objeto de conocimiento nos
permite comprender que este complejo transformado en fenómeno a través de
los tiempos y por las gentes, a tenido varias corrientes en diferentes
ejes que han utilizado elementos vocales, rítmicos, melódicos, armónicos e
instrumentales propios, adoptados, adaptados o estructurados para expresar
verbal y no verbalmente esa amalgama de temáticas propias de la condición
humana, matizadas en un determinado entorno como se refleja en los
diferentes repertorios que en diferentes idiomas transmiten autores,
instrumentistas y arreglistas por medio de diferentes formatos
instrumentales encauzados y promocionados por la industria del
entretenimiento través de sus medios de comunicación.
La salsa es también producción imaginaria colectiva, es expresión de seres
humanos, varones y mujeres, que la han convertido en un fenómeno
transnacional que desborda a sus contextos y determinantes sociales,
geográficos, musicales y discográficos, porque así la salsa sea parte del
engranaje industrial, en los contenidos que constituyen su imaginario
sonoro subyace el devenir de seres históricos y lúdicos que están por
encima de las temporales fronteras geopolíticas existentes; ámbitos de
fluencias, confluencias, influencias y afluencias genéticas y culturales;
calidoscopio polirritmico que supera con creces las concepciones
localistas, biológicas, nacionalistas o mercantilistas que el científico
social argentino Nestor García Canclini ha encontrado en los discursos de
poder que intentan explicar los fenómenos culturales y estéticos en
nuestro continente.
A su vez la salsa también es manifestación de seres humanos "que no buscan
masificar, ni intimidar ni desconocer a sus congéneres como seres
subjetivos y activos, pese a que algunas de sus corrientes no buscan el
bienestar del hombre proyectado hacia el futuro, no buscan", como lo
pensaría el filosofo francés Herbert Marcuse, "el desarrollo de la fuerzas
eróticas y liberadoras del hombre en un lugar especifico y de la humanidad
como género", así pues la salsa es también un universo determinado por la
ética, la política, la economía, la cultura y la sociedad con una
naturaleza propia y una historia singular como cualquier otro objeto de
conocimiento en el cual han convergido el empirismo, la academia, la
industria y la civilización, por eso su observancia debe transcender su
esfera meramente musical aunque sin perderla de vista.
Salsa es una palabra que su sola mención revela música, pensamiento y
celebración de "gentes que ha pesar de su enorme diversidad son percibidas
en el mundo entero como un solo pueblo", según el escritor y pensador
colombiano William Ospina.
Enviado Por
Fernando España
Colombia
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