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Ñico Membiela, la voz del recuerdo
(Zulueta, Las Villas, 3 de diciembre de 1913/ 13 de julio de 1998)

Ñico Membiela, la voz del recuerdo, uno de los cantantes más interesantes de Cuba, por la aceptación popular y por los misterios que encierra su voz que dejó a la sombra a muchos con mejores posibilidades vocales. Hablar de las cualidades vocales de un Pavarotti, o Plácido Domingo es cosa fácil, pero explicar el misterio de voces triunfadoras, sin dotes de alta técnica es algo bien complicado. Es más difícil definir a Julio Iglesias y Ñico Membiela que a las grandes voces internacionales.
Ñico, en los tiempos gloriosos del Ali Bar contaba con un público superior al de Benny. "Las mujeres iban a adorarlo" –me contó el cantante Kino Morán- "le llevaban regalos de todo tipo, aquello era lo más grande". Benny molesto por la cantidad de canciones (unas quince) que el público le pedía a Membiela, conversó con el dueño Alipio García quién le habilitó un horario especial, después de la una de la madrugada.

¿CUÁL ES EL MISTERIO DE ÑICO MEMBIELA?
El musicólogo Helio Orovio considera que “el misterio reside en el rescate de una nostalgia, de una rara atracción de canciones al estilo de Pablo Quevedo -tuberculoso – que también recuerdan a Chopín y Mozart en su depauperado estado físico. Ñico, a su vez cantaba arreglos nostálgicos, con una pátina del ayer que supo facturar muy bien Joaquín Mendivel, algún día habrá que hacer la historia de estos arreglistas que manejaron muy bien la personalidad musical de los cantantes de victrola, cantineros, de boleros espumosos. Ñico poseía un timbre bello, distinguido”.
Pero a Helio le faltó decir que en todos estos cantantes hay también algo de natural, de rescate de nuevos timbres que resultan a su vez distinto, novedoso a lo que otros hicieron con esas mismas canciones. Baste escuchar las grabaciones de esos mismos temas en cantantes de la vieja guardia, que nos parecen antiguas, muy pasadas de moda, por ejemplo en la canción Cien años grabada en la voz de Siro Rodríguez (Siro con S), junto a Los Matamoros. Ñico supera esa interpretación lo trabaja con un estilo, muy creativo, no hay que olvidar que en cada cantante triunfador hay algo especial, diverso, contemporáneo. El timbre tiene que decirle algo a la gente, ese algo es el misterio que nunca nadie podrá descifrar. Dicen que el arte no se explica, porque se malogra: esa es la magia y lo demás es la técnica, o la tecniquería, como decía Jorge Luis Borges.
Antonio Membiela García (Ñico) comenzó desde pequeño como trovador de boleros y canciones, con la guitarra de su amigo Felito Molina. Temprano tuvo que sobreponerse a su tartamudez. Sobre 1929, con 16 años de edad, tratando de abrirse paso, cantaba por el pueblo de Caibarién (zona turística), Sagua la Grande, Cienfuegos y Santa Clara. “En Caibarién se empata con mi papá, en el café Central –me cuenta el poeta Emilio Comas Paret-; resulta que papá cocinaba en varios lugares y se hicieron amigos. Ñico pasaba el cepillo, después se traslada al cabaret Habana Club”.
Ñico estuvo una etapa como bongosero en la jazz band de Periquín, en Santa Clara trabajó varios años como guitarrista con Juvenal Quesada. Un dato curioso es que en 1939, cuando se organizó la orquesta Aragón de Cienfuegos y se estrenó el cabaret Tropicana, probaron como cantante a Ñico Membiela, pero se decidieron por Pablo Romay, el estilo interpretativo de Ñico estaba en otra línea.
Sobre 1943 entra Ñico con su familia en La Habana, se enrola con Nené Allué y Nazario López. Comienza a cantar en la emisora Radio Salas durante cinco años, también participa en la RHC Cadena Azul. En estos tiempos de la década de 1940 había que morder el cordován, entre los disímiles trabajos por los que tuvo que pasar: cobrador de muebles, me cuenta José Galiño que algunos aseguran haberlo visto cantar en ómnibus. Y por más desgracias a inicios de 1950 sufrió una dolencia en las piernas que lo mantuvo baldado por varios meses. El pasado de trovador lo marcará en el éxito futuro, llega a ser proclamado “El Trovador Nacional”; la gente comienza a relacionarlo con el divo de la voz de cristal, Pablito Quevedo. Se presenta en centros nocturnos. A inicios de la década de 1950 hizo varias grabaciones para el sello Panart, pero no obtiene éxito en ellas; eran grabaciones de la vieja guardia como Campanitas de cristal, Caprichito de verdad. Posteriormente graba con la orquesta de Cheo Belén Puig, donde también estuvo Pablito Quevedo.
“Yo tenía 6 años –me sigue diciendo Emilio Comas-, fui con Ñico a una emisora que había, en la Manzana de Gómez, creo que era la CMK. Membiela cantaba con Cheo Belén Puig, que utilizaba a Ñico en la misma cuerda que Pablito Quevedo; aprovechó ese repertorio de cantante medio caballero andante, solitario. Te voy a decir que Membiela era una especie de trovador con mucha suerte con las mujeres, se le pegaban como moscas. Ese tipo de hombre tímido, callado, tranquilo, medio gago, tiene éxito en un tipo de mujeres. Él era, quizás un poco zorro, alto, delgado, siempre de traje y corbata, como se estilaba en aquellos tiempos, con entrada y pelo escaso, engominado, al estilo de los tangueros. Una especie de galán otoñal al estilo de los actores de cine mexicano. Tomaba cognac, nunca ron, se cuidaba, no era un borracho. Daba la impresión de ser equilibrado, introvertido, discreto, su mamá era igual. Tenía costumbres muy primitivas, siempre andaba con un cubo de agua, para bañarse con agua tibia, no le gustaba la ducha. Andaba con un representante que había sido secretario del presidente. Ese representante era tremendo, le buscaba todo.”
José Galiño en un excelente artículo me ofrece los siguientes datos: “Ñico Membiela se abre el camino en 1960 –cuando estallaba La Pachanga de Eduardo Davidson y se sentían los clarines de la nueva sociedad. El primer cañonazo: Contigo-Besos salvajes, dos ligaditos. Ñico se especializa en las combinaciones musicales, aunque eso no es lo que decide su éxito, como algunos ingenuamente dicen. Las canciones las graban en la Modiner perteneciente a Nilo Gómez y Membiela, en la discoteca La Moda. Después le sigue el éxito de R.G. Perdomo: Total; este título da nombre a su primer állbum a fines de 1959 que triunfa en 1960. Después se refuerza el éxito con Orgullo, de Valdespí. Hay un momento en que se da el lujo de romper con la tradición de los viejos temas. A inicios de 1962 en Radio Rebelde se programa un espacio diario de Ñico, con el animador León Acosta. Membiela tiene un agradable timbre, selecciona muy bien su repertorio con ese cantar a aquellos abrumados por el amor que se fue, del que se huye y de nuevo se alcanza. Entre las leyendas de Nico se decía que padecía de tuberculosis, buscándose afinidad con Quevedo, por su presencia física de hombre abatido. También se cuenta como en las crónicas policiacas que el cantor siempre llevaba un pavoroso puñal francés, para defenderse, tomando en cuenta que era un hombre de apacible temperamento. Consiguió una amplia simpatía y aceptación que cimentaron su popularidad. En 1959 mantuvo 6 números en la Pizarra Verde de Radio Progreso y de los 20 éxitos del año, Contigo-Besos salvajes alcanzó el primer lugar con la mayor puntuación, Cuatro vidas, en el no. 10 y Dos cosas, en el no. 11. El hombre, en su tiempo, arrasó”.
“Yo conozco a Membiela –expone Senén Suárez- desde cuando cantaba con Cheo Belén Puig, trataba de continuar la línea de Pablo Quevedo, pero no pasó nada, no lograba ese impacto de Pablito. Vivía por Monte y San Joaquín, su papá tenía una mueblería, tenían cierta posición, Ñico hablaba bien, era educado, creo que estudió algo de derecho. Él cantaba por el Cuatro Ruedas, por donde está el Ali Bar, llegó a cantar canciones mías. Estando en Cuba el mismo se inventaba homenajes, el mismo se promovía sus canciones, iba a las victrolas y colocaba sus grabaciones, era su propio representante de prensa. Lo recuerdo con un cuchillo francés en la cintura, costumbre guajira que tenía. Era alto y flaco, se parecía a Laíto, medio loco los dos. Ñico en su etapa de triunfos, cuando estaba de moda la canción Boxeo de amor, visitaba mucho el Palacio de los Deportes para ver boxeo, uno de sus deportes favoritos. Le llega tarde al éxito, a sus 47 años, es exactamente en 1960 cuando graba el LP Modiner NG-195: Éxitos de Ñico Membiela: Contigo-Besos salvajes (Estrada y Fontanal)/ Orgullo/ Me robaste la vida –Trago amargo (Luis Marquetti)/ Lo siento por ti/ Dos cosas/ Mi vida es una canción/ Cuatro vidas-Adios/ En las tinieblas (A. Gil) Así/ Ambición/ Esperando carta/ Te adoraré/
LP Modiner NG 227/ 1960 Este es Ñico.
Que viva el amor (Ñico Membiela)/ Que extraño es eso-Tu nombre/ Sabor de engaño/ Te sigo esperando/ Que difícil eres/ Mis besos-Diez años/
Otras canciones famosas en Ñico:
En este cabaret (D. Casañas)/ Boxeo de amor/ Piensa en mí/Porfiado corazón (L. Marquetti)/ Cien años (R. Fuentes)/ Nosotros/ Mosaico/ Por los campos de Cuba (A Favier).
En Miami grabó un disco interpretando a Lecuona, con la dirección de Pepe Delgado. Grabó con el Kubaney, con la orquesta Swing Casino, la dirección de Rafael Sori y arreglos de Ñico Cevedo (sic).
El escritor Emilio Comas Paret publica en la Gaceta de la UNEAC una sabrosa crónica que sintetizo para ofrecérselas a ustedes: “Ñico se presentaba todas las tardes, acompañado del piano de Cheo Belén, un programa en la COCO, todas las tardes. No quedó bar en Caibarién que no conociera la voz de Ñico. Después pasó para la Radio Cadena Azul y en 1957 al Ali Bar, sustituyendo a Benny Moré, y en compañía de Blanca Rosa Gil. En su etapa de oro vivió en una casa solitaria, en el reparto Capdevila, en La Habana, frente a la Fábrica de pintura Sherwin Williams.
En la TV Otto Sirgo y Pumarejo vetaron a Ñico, hasta que todas las victrolas sonaban discos del cantante. Su eterno saco oscuro y corbata de color llamativo, Cadillac de último modelo. Llegaba tarde, de madrugada, se levantaba a las 12 m. Tomaba un jugo de pera bien frío, almorzaba en La Zaragozana, El Floridita o La Bodeguita del Medio. En 1963 durante un trabajo en México, fue contratado por Alipio García –y seguramente cuerdeado por su representante- y fue llevado al Norte.
Luego nos enteramos que Ñico había intentado dos veces montar un cabaret, pero con los dos fracasó, y estos fracasos y la vida disipada, la única que sabía llevar, lo llevaron a la ruina total. Hoy es el gran olvidado, tanto allá como aquí, y cuando alguien se ocupa de hablar de él le achacan feas cosas de la técnica, de que si a veces era desafinado o si tenía problemas con “las entradas” a la hora de cantar. Pero es que la Historia no entiende de técnicas musicales y ya Ñico, desde siempre y por siempre, estará presente en ella, que es también en nosotros, los de entonces, aunque ya no seamos los mismos.
Senén Suárez también se encontró en la Florida con Ñico: “Lo fui a visitar acompañado de Genaro Navarro que cantaba conmigo con el trío de Luisito Plá, Ñico vivía en su casa de bajo costo, en la entrada había un portero, el cantante estaba en una silla de ruedas. Me contó que había tenido un asalto del hijo de un socio, que le metió un tiro sedal, al lado de la cara, para robarle las cadenas de oro que tenía en abundancia. Recuerdo que estaba separado de su hermano Rolando quien lo culpaba de haberse arruinado en las mesas de juego de Las Vegas, el cementerio de mucha gente ambicionada del dinero que caen en la trampa del vicio. Yo no conocía a Ñico como tomador, pero se fue enviciando. También era un tipo que vivía al día –como casi todos los artistas- , no planificó su futuro y fue quedándose irremediablemente solo, se quejaba de que su hermano lo había abandonado. Así en esas condiciones, vi que lo presentaron en la televisión. Muchos de los cantantes cubanos terminaron abandonados en el olvido en el exterior, ahí tienes el caso de mi amigo Nelo Sosa.”.
Yo también seguí los pasos de Membiela consulté a su enterrador, Jesús Rivero (El Chichi), mi amigo de la infancia. “Yo lo visitaba donde vivía, la gente le pegaba en la pared las publicaciones de la prensa, él decía –un poco delirante- que lo estaban esperando en Zulueta para hacerle un homenaje. Finalmente falleció en la soledad y la pobreza, pero creo que algún día va a renacer”.
La nota de prensa del 14 de julio de 1998 informa: “El inolvidable cantante de la canción Contigo-Besos salvajes, el bolerista Ñico Membiela, falleció a los 84 años en un hospicio de Hialeah, a causa de un paro cardiaco. La voz inconfundible del bolerista Membiela se había acallado para la música tiempo antes de ocurrida el lunes a las 6 y 30 am, en el Convalescent Center, de Hialeah Gardens”. Fallecía así el bolerista del recuerdo, quedaba atrás una era de canciones inolvidables.
 

Por Rafael Lam
La Habana - Cuba 2008

 

 

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